Comenzaron las clases en La Salle de
Cancún. Sorprende saber que cuándo en Málaga ni han llegado al inicio de la feria, aquí ya empieza el curso. Ser alumno de intercambio es interesante. Te conviertes de pronto en objeto de todas las miradas. En
México, un español suele ser más pálido que el resto de la gente, y la forma de hablar también te hace distinguirte del resto.
La primera impresión acerca de las asignaturas es que parecen fáciles. Espero seguir teniendo la misma opinión en unos meses. En La Salle las clases son reducidas, de menos de 30 estudiantes por salón (aula), como en el instituto en España. Todos se conocen. Es muy distinto a la universidad en España, donde se concentran más de 80 en cada una.
Convivimos con los estudiantes
de Preparatoria, el bachillerato de aquí. Ellos llevan uniforme. Hay una cafetería,
La Cafeta, que es muy rara. Abre más tarde de que empiece la primera clase, y casi siempre está vacía. ¡Añoro la
cafetería de Ciencias de la Comunicación de la
UMA!
En Internet paso muchas horas, gracias al
wifi de la biblioteca. Falla mucho, por eso no puedo adjuntar fotografías a estas últimas entradas en el blog.
He entrado a una universidad privada y religiosa. En mi vida estuve en otro similar, siempre estudié en centros públicos y laicos. Hay un crucifijo en cada clase. Y afuera, una ermita. Esto no va mucho conmigo. Pero aprender a convivir con cosas distintas a mi, me hará madurar más. Lo que es seguro es que no me van a comer la cabeza. Ciertas ideas las tengo ya muy bien asentadas.
Ya voy conociendo a la gente. Son
la neta, como dicen aquí. Muy apañados, serviciales y amables. Espero hacer amigos aquí. Los profesores que he conocido hasta ahora, parecen competentes.
Malagueños, disfrutad de la feria, vosotros que podéis. ¡Ahora me dais envidia! Un abrazo muy fuerte.