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miércoles, 12 de diciembre de 2007

Salir de antros en Cancún

Hay muchos sitios para salir de marcha en Cancún, pero que se concentran en dos zonas principalmente.

Por un lado, en lo que en teoría es el centro de la ciudad (porque en realidad no tiene un "centro" propiamente dicho), por las avenidas Tulum y Yaxchilán, hay muchos restaurantes donde poder comer o tomar unas chelas (cervezas). Es relativamente barato. Los antros, como llaman a los pubs o las discotecas, no son muy grandes en esta zona. Hay más, repartidos por esta parte de la ciudad. Los turistas no suelen pasar por ahí, pero hay algunos bares que merecen la pena. Hay otros lugares más "fresas" (pijos), que aunque estén en la ciudad, trabajan de una forma muy parecida a la zona de los hoteles.

En la zona hotelera están los antros más grandes, las discotecas, muy cercanas entre ellas y con precio de cover (entrada) muy similiares, en torno a los 200 pesos (12,70 euros aprox.), con barra libre. Parece muy buen precio, pero es caro, y más si tenemos en cuenta que sirven las copas muy mal, con apenas alcohol, y con refresco de grifo. Muchas veces los clientes piden bebidas a los camareros y no se las sirven si no les dan propina.

Por eso se estila el sistema de las mesitas, donde cada reunión cuenta con un lugar al que el mesero lleva las bebidas con frecuencia durante toda la noche. Al final, se le da una propina, que suele rondar entre los 100 y los 200 pesos mexicanos por persona. A mi no me gusta este sistema, porque el camarero llega a agobiar, y en muchas ocasiones hay un pésimo servicio. Sin embargo, en los propios hoteles, la atención al cliente es excelente.

He salido mucho de marcha por Cancún, y lo he pasado muy bien, pero prefiero salir por España. Eso sí, he disfrutado de muchos buenos momentos en los antros.

martes, 16 de octubre de 2007

Bicicletas para Agua Azul


Me he levantado a las 6.30 para ir a un colegio de secundaria en Agua Azul, a tres cuartos de hora de Cancún. El viaje, que me lo ofrecieron los compañeros de la carrera de Ingeniería de la Universidad de La Salle, tenía como finalidad regalar bicicletas para que los niños y las niñas de los pueblos cercanos pudieran ir a clase sin tener que caminar más de diez kilómetros cada día.

A estas poblaciones rurales, situadas en llanos abiertos en la selva, se accede por puros caminos de tierra, sin asfaltar, y llenos de baches. Cuando hemos llegado al colegio, los niños y los profesores se han mostrado muy agradecidos por los regalos. Ha sido un total de catorce bicicletas nuevas. Una vez allí, algunas madres de los alumnos nos han pedido que las acerquemos a Comunidad Juarez, el pueblo desde el que caminan muchos de los estudiantes (hay algunos que llegan en viejas bicicletas que dejan tiradas en la entrada de la escuela, junto al camino y frente a la selva).

En Comunidad Juarez no hay sistemas de drenaje ni de agua potable. En el centro de la población hay un pozo del que las mujeres sacan agua cada día. Los chiles rojos se secan en la cancha de baloncesto, en el suelo (piso). Los niños andan descalzos por la calle. Todos, grandes y chicos, hablan maya. Las mujeres se ocupan del cuidado del hogar mientras los hombres trabajan en la ciudad durante la semana.

De regreso hemos parado para tomar un desayuno en Leona Vicario, un pueblo un poco más grande que los otros, pero que aún así es muy pequeño y carece de muchos de los servicios que se pueden encontrar en la ciudad. Al menos sí cuenta con los típicos quioscos de comida rápida que hay por esta zona. Hemos comido nieve de coco (una tarrina de helado de nieve, con coco pero sin leche, todo batido) y torta de cochinita (bocadillo de carne de cerdo, la cual se cuece enterrada durante la noche). La gastronomía mexicana es deliciosa.

A las 13 ya estábamos de nuevo en Cancún.


viernes, 7 de septiembre de 2007

Nadar junto a un tiburón-ballena


En mi última entrada comenté que en la isla de Holbox había tenido la oportunidad de hacer algo diferente. Me refería a nadar con dos ejemplares preciosos de tiburón-ballena, la especie de pez más grande del mundo.


Los cuatro viajeros nos levantamos temprano y caminamos al muelle, donde nos esperaba la embarcación. Junto a dos alemanes y un estadounidense que venían juntos, más el capitán de la lancha y el biólogo especialista, nos dirigimos a alta mar a buscar a los tiburones. Una especie de dispositivo GPS era el que nos indicaba dónde encontrarlos. Había otras lanchas llenas de tripulantes que iban a realizar la misma actividad, y todas estaban comunicadas por radio: la primera que encontrara a los ejemplares, llamaba al resto. Por el camino vimos bancos de peces, de manta-rayas, delfines y pelícanos que pescaban, entre otros animales.


Una vez localizado el primer tiburón-ballena, empezamos a sumergirnos por parejas, junto con el especialista, para nadar al lado del animal. Con los trajes de neopreno, y el equipo de esnórquel, tuvimos la oportunidad de disfrutar la experiencia en cuatro ocasiones cada uno. Las dos primeras me costó seguir a la enorme criatura; las dos últimas, en cambio, conseguí nadar bien a su lado, y disfrutar de la inolvidable experiencia de encontrarse apenas a dos metros de un animal protegido de semejante tamaño.



A la vuelta a la isla, el capitán del barco nos permitió bañarnos en alta mar, y tirarnos al mar desde la parte alta de la lancha. También nadamos con los equipos de esnórquel en las aguas turquesas del Caribe, y disfrutamos de la maravillosa vista del paisaje de las playas vírgenes del lugar.

Prometo fotos del animal.

domingo, 2 de septiembre de 2007

Holbox, una isla con encanto


En el norte de la península de Yucatán, se localiza Holbox, una pequeña isla donde la única zona urbanizada apenas acoge a las cinco o seis familias de un pueblo de pescadores. No hay ni una sola calle de la isla que esté asfaltada, y la gente vive allí muy tranquila, durmiendo incluso con las puertas de la calle abiertas. Se conocen todos, y viven de manera solidaria todos sus habitantes. Por ejemplo, si alguien del pueblo enferma, entre todos pagan los gastos sanitarios que esa persona necesite.


La playa es preciosa. También el agua es turquesa, y la arena blanca, pese a que el huracán Dean enturbiase algunas zonas. Casi todo el litoral es virgen y se encuentra en estado salvaje. Se respira paz en esas zonas, y el paisaje es una maravilla para la vista. En algunas partes hay lugares donde se posan todo tipo de aves, desde flamingos (flamencos) hasta pelícanos, y se cuentan por miles. Verlos de pie en la costa desde una lancha es una experiencia maravillosa. Llegamos también a Isla Pájaros: su propio nombre indica lo que abunda en esa isla de superficie menor a la de un campo de fútbol.


Ahí he pasado el fin de semana junto a Aurea, Gema y Manolo, alojado en una posada justo al lado de la placita del pueblo. Pero lo mejor de esta escapada, os lo contaré pronto.


viernes, 3 de agosto de 2007

Un techo y una cama

Ya tengo sitio donde dormir. El lujo y el desfase de la semana que hemos pasado en el hotel de Playa del Carmen se ha acabado. Ahora toca vivir la realidad de Cancún.

Llevo dos días compartiendo piso con dos mexicanos que van a la misma universidad a la que voy a ir yo. Se llaman Esly y César, y son muy buena gente. Hay bichos, mosquitos, lagartijas y hormigas, pero se vive bien. Tengo un dormitorio de matrimonio con aire acondicionado para mi solo. La zona es muy buena, de lo mejorcito de la ciudad.

La noche antes de entrar a vivir al piso, tuve que dormir al aire libre, en una hamaca del patio de un hostal de mala muerte. Fue cómodo, pero me picaron unos cuantos mosquitos. El tema de los mosquitos no me asusta. Al día me pican por lo menos cinco, así que ya estoy acostumbrado. La búsqueda de piso fue muy dura.

La ropa la lavo en la lavandería, no tenemos lavadora. Ahora mismo voy a llevar la colada.